martes, 18 de septiembre de 2012

Naciste…


Y al cabo de 39 semanas, naciste! Confieso que fui antes a la consulta con la Dra. Yasmina porque quería que nacieras el 14 y no el 20 de enero de 2010 porque ya no aguantaba el dolor que me producías en la costilla derecha. Estabas allí encajado y estabas todo el día moviéndote durísimo, mi barriga parecía una edición tal cual de la película “alien”, pero me hacía feliz saber que estabas vigoroso, fuerte y sano!.

Tu papá estaba en Caracas el lunes 17 de enero -y aún el martes- y ese día amanecí manchando, no le comunicamos nada para que no se fuera a inquietar y no se viniera manejando como loco en la autopista. Quizá si no me hubieran hecho cesárea, tú igual habrías decidido nacer aquel 20 de enero.

La noche previa a tu nacimiento, tu papá y yo nos quedamos en la misma habitación. Habíamos cenado una super hamburguesa de Burger King, bien grandota, porque yo todo el embarazo la pasé “cuidándome” para no alimentarte mal y para yo no engordar de más. Pero esa noche dije: ya no más…y estuvo muy rica. Momentos después recibimos una llamada de la tía Mireya quien me recomendó “comer ligero”, jajaja cuando ya sabes lo que había comido.

A las 6:45 a.m. aproximadamente me bajaron, junto a otras 4 mujeres que también traerían a sus bebés al mundo. La anestesióloga me inyectó la columna y dijo que yo tenía la piel como de cocodrilo, je je je, muy dura. No me dolió. Luego me amarraron las manos de lado y lado y comenzó el proceso.

La anestesióloga dijo que yo tenía el corazón con taquicardia (acelerado, más de lo normal) y me recomendó ir a un cardiólogo a revisarme. Yo le dije que eso siempre me sucedía cuando yo tenía miedo…en este caso, miedo a lo desconocido, a la cirugía y a que tú estuvieras sanito. Yo no sentía nada ni veía nada, hasta que dijeron, ya, salió, nació enmantillado. Eran las 7:36 a.m. llorabas como un gatito, bajito, lo primero que te vi eran tus orejitas, que estaban enroscadas como una flor, la verdad me asusté, pensé que las tenías deformes, pero no, era que estabas muy apretadito en mis entrañas. Te asomaron por encima para que yo te viera, estabas limpiecito.

Luego te pusieron a mi lado y te dije: bienvenido al mundo, Dios te bendiga y de una vez me puse a llorar. Te llevaron rapidito, eras muy hermoso, gordito y rosadito. Fuiste –y eres- lo más bello y sublime que Dios me ha permitido ver y lo mejor de todo, eras mío. Tenías cabello, como lo soñé. Eras un gordito de 3.680g y 50cm. Qué orgullo sentí al ver que te habías alimentado bien de mí, que te cuidé tanto desde la barriga.

La anestesióloga fue quien se encargó de tomar unas fotos espectaculares de todo tu nacimiento, salió junto a ti para ver a tu papá y tus abuelos maternos cuando te sonrieron por primera vez. Ellos se sorprendieron y se alegraron mucho. Eras un “muchachote” y papá, orgulloso porque “te parecías a él” y más a “mi papá, el abuelo Peña”.

La anestesióloga entró diciendo: ya sé a quién se parece, y a la mamá no es ¡esas facciones son de papá! Jajaja me reí…no dejé de hablar en la operación. Luego que saliste fue que comencé a sentir dolor y reforzaron la anestesia.

Como a las 10:00 a.m. llegaste a la habitación, vestido con la ropita que tu papá te había comprado en Europa, “Fred the cat”. Te veías bello y muy tierno. Abriendo esos ojitos chinitos, que tenían como miedo.

Yo te agarré, de una vez te di mi pecho, pero no tuve mucho éxito, esta mamá no tenía pezón. Angustiada porque quería amamantarte, lo que lograría 3 días después.

Esa primera noche de tu nacimiento, dormiste en el retén. A mí me doparon, dormí bien luego de tanto tiempo.

De los amigos y familiares que te fueron a conocer el primer día, estuvo Liliana, Marianela -quien iba a su última consulta prenatal, ella también esperaba ansiosa a su Montserrat Sophía- tus abuelos paternos, tus tías Meybers y Pinky; tu tío Jesús, tus primas Nilda y Daniela y tus primos: Cami y Miguel. Estaban celebrando con vino y comiendo dulcitos.

El primer día casi no despertaste, estuviste todo el día durmiendo. Al día siguiente te fueron a conocer tu prima Yeli y tu tía Zoraida.

Los dos días siguientes a tu nacimiento, no dormí nada, pensando en que quería amamantarte y la leche no salía y tú no sabías agarrar mi pecho, hasta me hinché como nunca, estaba reteniendo líquido porque no estaba durmiendo.

Pero lo logramos! Al tercer día la victoria fue de los 2, contra todo pronóstico, te alimenté exclusivamente yo, haciendo de todo para que me saliera más leche y hasta dieta para que lo que yo comiera, no te diera cólicos.

La primera noche en casa la pasaste mal, porque te hizo daño lo que yo comí y estábamos muy asustados. Tu papá y yo hasta peleando, luego aprendimos lo que sucedía y de allí en adelante eras muy delicadito del estómago, luego vendrían los tecitos de yerbabuena para que expulsaras los gases, entre otros cuidados.

Comías haciendo mucho ruido, porque naciste con laringotraqueomalacia, así que todos en casa se enteraban cuando tú estabas comiendo. Parecías un cerdito ruidoso.

Tu papá se levantaba de madrugada (un esfuerzo descomunal conociendo lo perezoso que es) para alimentarte, cambiarte el pañal…hasta con los ojos cerrados y dormidos ambos, se alimentaban en la mecedora.

Fotos iban y venían…yo todos los días te tomaba una y te cambiaba muchas veces de ropa según la actividad y el sitio donde estabas, afuera o adentro del cuarto.

Siempre fuiste muy comelón, no me dejabas descansar, máximo aguantabas entre hora y media y 2 horas sin comer.


Desde allí, aprender junto a ti a ser mamá, es lo mejor que me ha pasado. Contigo, ¡al infinito y más allá!