miércoles, 23 de enero de 2008

Si así son ellos...


Siempre he sabido gracias a las clases de biología, lo necesario que es para el ciclo de la vida, que existan depredadores en la cadena alimentaria.


No obstante, nunca deja de impresionarme la crueldad del que caza y de quien es cazado. Ayer entré en shock al ver Discovery, siempre que veo cómo cazan, cambio de canal, pero ayer no entendía lo que pasaba y por eso me qué viendo.


Se trataba de la caza de las orcas, ellas estaban empeñadas en comerse a un ballenato, entiéndase, el pequeño hijo de una ballena. Estuvieron acosándolo por seis horas ininterrumpidas, en manadas lo lanzaban al fondo para hacer que se ahogara, porque ellos deben salir a la superficie a respirar (por el orificio donde lanzan agua) la madre trataba de salvarlo, pero no podía contra tantos. Ella lo impulsaba para que tomara aire, pero el ballenato ya estaba agotado.


En un momento ya el pequeñín no podía salir, su madre debía sostenerlo con su cuerpo para que respirara y por su estado finalmente las orcas ganaron. Lo mataron y todo para comerse únicamente su lengua y parte de la mandíbula inferior.


La madre tuvo que partir sola hacia el sitio donde pasaría cierta época del año, ella se había retrasado en la odisea mientras esperaba el nacimiento de su pequeño, a quien tuvo en su vientre por 13 meses, ¿para qué? para al final perderlo y tener que partir sola.


Me pareció aunque algo natural, un proceso cruel. Me enterneció la mirada de la ballena y cómo rodeaba al ballenato para tratar de ayudarlo.


Eso me recuerda que hay personas que en la vida juegan a depredadores sin necesidad, no por cuestión de selección natural o supervivencia del más apto. Sólo causan daños a otros sin una causa de peso, aunque el daño sea irreversible y aunque el resultado tampoco los favorezca a ellos.


Y también parece mentira que ante la amenaza de sus hijos, siempre hay una madre que quiere salir en nuestra defensa pese a que es poco o nada lo que puede hacer.

lunes, 21 de enero de 2008

A la espera del ringgggg ring


¿Cuántas veces no hemos estado esperando una llamada que nunca llega? el tiempo parece eterno. Vemos el celular cada 5 segundos, lo revisamos, lo apagamos y predemos, le colocamos el timbre que se escuche más fuerte, comprobamos la cobertura; pero no es una falla técnica, es simplemente que no nos han llamado aún, al menos no quien nos interesa, porque en ese interín se antoja de llamarnos hasta aquel ser del que teníamos tiempo sin recibir noticias.


Por momentos hasta me da pánico entrar al metro, no vaya ser que me llamen y como mi digitel no tiene contestadora, no puedan dejarme el mensaje. Diossss!!! voy a enloquecer, entonces ruego porque me llamen al movilnet.


Entramos en paranoia, cualquier celular que repique creemos que es el nuestro y para prevenir, lo llevamos hasta al baño por si acaso la llamada ocurre cuando menos creemos. Si repica mientras nos duchamos, estamos dispuestos hasta a escurrir agua por todo el baño con tal de atenderlo.


Pero finalmente, nos rendimos y nos damos cuenta de que la llamada llegará cuando quiera y no cuando nosotros en nuestra impaciencia deseamos. Es una lección que sin duda me deja como enseñanza que no tengo ni un mg de paciencia.

lunes, 14 de enero de 2008

Un descansito por el amor de Dios

Qué contradictorios somos nosotros los humanos, cuando estamos trabajando no vemos el día cuando lleguen nuestras vacaciones, nos quejamos todos los días de que necesitamos descansar, pero ¿qué sucede cuando debemos guardar reposo o no debemos trabajar por unos días? La primera semana todo bien, todo light, todo es felicidad. La segunda si estamos de viaje, sigue siendo una maravilla, pero cuando ya estamos en casa, porque nuestro presupuesto se agotó o por la razón que sea, comenzamos a impacientarnos y no vemos el día en que volvamos al trabajo. Ya vimos todas las películas que queríamos, leímos los libros que necesitábamos leer y entonces comenzamos a contar los días para regresar porque nos dimos cuenta de que estar en casa no es tan bueno después de todo, que nos molesta hasta aquello que cuando trabajamos extrañamos, en especial cuando no vivimos ya en nuestra casa materna y estamos en ella por esos días de visita. Luego el contador se coloca en cero y nuevamente cuando sabemos que se están acabando los días vuelve la negativa ¿por qué debo trabajar? ¿por qué debo sentir estrés otra vez?

Pero el mensaje es, trabajar nos alimenta el espíritu. Al igual que los estudios nos mantiene ocupada la mente y no es tan malo después de todo cuando tenemos nuestro dinero disponible en nuestra cuenta bancaria a cambio de los servicios prestados.

Sin embargo, son muchos los que piensan, si el trabajo fuese tan bueno, entonces ¿por qué nos pagan por hacerlo? Encuentra tú la respuesta. El trabajo es un mal necesario. No me imagino cómo sería mi vida si sólo fuese ama de casa o si ya no tuviera que trabajar. Bueno, hasta la próxima.