martes, 26 de febrero de 2008

El buen sabor de una jornada de trabajo

De verdad que reconforta luego de una jornada exhaustiva de trabajo, de separarte de tu pareja, tu familia, de tener horas rodando; ver un paisaje así, como el de esta caída de agua del Parque Nacional Juan Crisóstomo Falcón, en la Sierra de San Luis, estado Falcón.


El ambiente es húmedo, la caída del agua produce un rocío encantador.

Fue muy poco el tiempo que estuve, pero es un lugar apacible donde la gente va a hacer picnic, la verdad no se encuentran muchos servicios, si acaso un puestecito de comida y café, por lo general los visitantes se llevan todo lo que van a consumir.

Esto fue lo que más me gustó de mi visita por "motivos de trabajo" a dicha zona.

Cuando voy rodando y veo el paraje que voy dejando atrás, me convierto en ecologista, por eso digo, Colabora en la protección de bellezas como ésta.

martes, 19 de febrero de 2008

Soy combatiente


La frase con que titulo es simplemente porque recordé la letra de Maná "Soy combatiente, sobreviviente, soy...lo que no me mata, me fortaleció" y es alusivo a mi supervivencia (qué exagerada) en el entrenamiento que nos dictó la Reserva Nacional a mí y a todos mis compañeros del trabajo el domingo 17 de febrero.


Desde el 5to año de bachillerato, yo no participaba en un período de campo, en aquel entonces, para aprobar instrucción premilitar. Esta vez además de estar más vieja, tengo la rodilla chueca y por eso no pude disfrutar de todos los ejercicios. Esta vez el nivel de complejidad fue ULTRA.


En bachillerato se trataba sólo de superar obstáculos, pasar alambres de púas arrastrándote por el barro...en esta vez fue súper diferente, la primera cancha fue la de bayoneta, un arma que tiene un cuchillo (como el de Rambo) en la punta y el cuerpo es un fusil común y corriente.


Entonces la meta era correr por encima de varios obstáculos cargando el arma, montando y desmontando el cuchillo para herir al enemigo (sacos con paja) y gritando: aahhhhh...ja ja ja, luego pasabas un charco y seguías corriendo hasta el final acuchillando y golpeando con la culata (parte posterior del arma) al saco trajeado de militar. De este primer contacto quedé muerta, con taquicardias.


La segunda cancha era la de navegación, que no era otra cosa que aprender a utilizar la brújula, partiendo del norte y con una ubicación en grados en función de la cual se determinaban los pasos que debíamos dar en grupos. La prueba comprendía caminar y caminar bajo el inclemente sol, sin perderse, aunque en las últimas instrucciones, salimos al lado contrario, quienes nos guiaron se volvieron locos y zuaz, fuimos a tener a otro lado que no era.


Luego la cancha de cuerdas, sogas por donde tenías que pasar arrastrándote (cual víbora) y caminando con sumo cuidado (como chaplin) para retar al equilibrio. Para mí, cual juego de la Oca, esto fue una "prueba no superada", me dio vértigo y no pude hacer nada, en cambio otros compañeros sí, incluso los gorditos, esto me frustró un poco, sin embargo, seguí adelante.


La próxima cancha fue la de obstáculos, aquí hice casi la mitad. Consistía subir una escalera sostenida por cadenas cuya altura era de 4m, adivinen qué? cuando iba por 3m, me dio vértigo y no pude ni terminar de subir ni pasar al otro extremo como había que hacerlo.


Luego caías en un terreno y salías corriendo en ascenso; seguían cauchos en zig zag; saltar por unos tronquitos también dispuestos en zig zag; subir por otro obstáculo trepando (parecía como por donde saltan los caballos), luego venía una pared con una enorme rampa (3m aprox) por la que debías descender en cuerda; luego unos rieles para hacer equilibrio; luego otra pared (2m); pasar por la escalera horizontal y luego seguir saltando por encima de otros muros. No los hice todos, en especial aquellos que requerían que saltara y mis rodillas soportaran el peso desde una altura considerable.


Luego la prueba de fuego, disparar un fusil de verdad directo al blanco. ¡Cómo pesa! la cargamos, apuntamos y pum, iban cayendo los casquillos a un lado. Fueron 5 disparos, con casco y todo. Es impresionante cómo el fusil te sacude, por eso debes prensarlo con el hombro.


Lo más heavy fue el campo de infiltración, con un fusil de utilería, pero que pesaba como uno verdadero, con el cual debías arrastrarte con un casco que pesaba, por debajo de los alambres de púas, túneles, charcos de barro, soportar las lacrimógenas, Diossss, no recuerdo haberme levantado más de dos veces, casi no caminé, sólo me arrastré.


Much@s de mis compañer@s se asfixiaron con las bombas, el secreto era darles una super palmada para que pudieran respirar y tirarse al piso y respirar casi con el barro, porque el humo se levanta a una cuarta del piso. Dato, se respira por la nariz, no por la boca, como ellos te dicen. Pero la sensación es horrible, estás tan agitado, que no puedes respirar con calma, la bomba te llega a las entrañas, te pican la garganta y los ojos, además había mucho humo de cauchos.


Me sentía GI Jane, aunque nuestra líder, Lissy, era la verdadera heroína. El recorrido duró aproximadamente 10 minutos que parecen interminables. Seguidamente, ¡la victoria! fuimos supervivientes en ese campo de batalla.


De verdad fue un ejemplo de fraternidad, compañerismo y valor. Fueron muchas emociones que confluyeron en un día inolvidable. Eeeeeeeeeeee


Y ASÍ QUEDAMOS, LUEGO COLOCO MÁS FOTOS...est@s son los chic@s de mi grupo de trabajo (Tábata, Lissy, Lorena, Maye, Érika y Lilia, los muchachos: Bruno -el alto- y Luis -el agachado-) los en la Oficina de Relaciones Institucionales de Fondemi




viernes, 15 de febrero de 2008

¡Fui al mar de los siete colores!



En Carnaval me aventuré a ir a Colombia, a la Isla de San Andrés, luego de hacer escala en Bogotá, otro avión me llevó (o nos llevó) allá en una hora y cincuenta minutos.

Que me perdone mi país, pero hasta ahora, no he visto un mar de esos azules, ni siquiera Tucacas, esto lo digo porque aún no conozco Los Roques, pero de verdad es impresionante ver la paleta de azules que te permite disfrutar de una playa con temperatura adecuada, sin oleaje (especial parta niños), el agua no te tapa (y eso que soy casi enana) y tan limpia.

Sus colores los debe a los corales y a la vegetación que crece en el fondo, de verdad hay muchos tonos de azul, aunque yo no conté siete, pero los nativos aseguran que sí los hay. En mar abierto, a mucha profundidad ¡vi un mar tan turquesa, muy impresionante! estoy acostumbrada a que mientras más profundo, más oscuro es, pero San Andrés es la excepción.

Además de bañarme en “playa principal” que quedaba frente al hotel y era de por sí hermosa, sin piedras, visitamos los cayos más populares: El Acuario, donde con un snorkel puedes nadar con los enormes y variopintos peces y tomar los botes con fondo de vidrio para adentrarte en el mar y observar a las mantarrayas, los corales y los cientos de peces como: barracudas, cirujanos y pare de contar, no pude memorizar todos los nombres; allí también pudimos ver las formaciones coralinas.

Desde el acuario se puede caminar (por el agua, porque el nivel no te pasa de la cintura) a otra isla que le dicen la isla del amor, su nombre verdadero no lo recuerdo, allá, según dicen, se van dos y regresan tres, es para enamorados y tiene un sector nudista.

Jhonny Cay, es la más popular, es hermosa pero las olas sí son un poquitín más fuertes. Allí hacen paseos en banana.

En todas las playas hay toldos, porque no hay casi palmeras. Te ofrecen las bebidas típicas: coco loco (bebida fuerte servida en coco y que según no pueden tomar las señoritas porque comienzan a perseguir a los negritos de la isla), la Piña Colada (deliciosa!) y el Coco Fresa (cóctel de jugos pero sin licor, mmm!!!).

También fuimos en bus hasta Rocky Cay, pero esta playa pertenece a los hoteles Sol Caribe y Decameron, es buena, hay un barco hundido que la gente va a husmear y también hacen deportes acuáticos.

Curiosidades
Casi toda la población de la isla es de color. La gente es muy amable, cordial y hace muchos chistes con respecto al color de su piel, “siga, camine tranquilo que el negro no mancha”, “sigan el punto negro”. Entre ellos hablan “creole”, un “inglés nativo”, hay que recordar que fueron colonizados por británicos, pero no se entiende mucho lo que dicen, bueno, es la idea.

Es Puerto Libre y venden de todo, desde ropa de marca, hasta electrodomésticos, perfumes…de verdad, muy completo el comercio…le dicen la Margarita de Colombia. Me recordó a Juan Griego, pues no es muy desarrollada.

Hay más iglesias (católicas o bautistas) que escuelas, bueno, es lo que pudimos apreciar en una vuelta que le dimos a la isla.

Existe un “Hoyo Soplador”, otro atractivo de la isla, que sólo cuando hay marea alta, permite que el agua al chocar con las rocas y meterse por una canal formada naturalmente, pueda impulsar el agua por un hoyo a la superficie, ésta puede alcanzar hasta los 12m de altura, casi del tamaño de una palmera. Yo sólo le pude tomar la foto a un chorrito que se lució como para mí, el mar estaba muy tranquilo, pero para que no me fuera triste me dio una pequeña demostración. Pero esta es la única atracción que hay en el lugar.

La comida es buena, al menos en el hotel donde nos quedamos, pero extrañé las arepas en el desayuno. Tienden a preparar en mucho pescado frito (pargo rojo) en las islas y acompañarlo con arroz de coco (muy bueno). Cocinan mucho con frutas exóticas (dulce con salado) y hacen muchos jugos con ellas, entre ellos, el de kiwi.

Los paseos en semi submarino son más interesantes porque aprecias la fauna más cerca y te dan una guía para que incluso nades y hasta cargues a las mantarayas. No lo hice porque no era tan barato.

Alquilan motos de agua y dan clases para hacer submarinismo y snorkeling.

En todos lados a las chicas y a los chicos les ofrecen hacerle trenzas, crinejas pues.
Supuestamente en la isla no hay delincuencia, de verdad es muy tranquila.

El medio de transporte preferido es la moto, sin duda por cada carro hay diez motos. La mayoría de los carros son los que rentan los turistas para hacer paseos, los otros son taxis.
Las playas y las calles son extremadamente limpias, por lo general, los aseadores de los hoteles se encargan de mantenerlas en este estado.

Como es una isla, el agua para bañarse es desalinizada, es decir, salada pues, pero es caliente o con calentador.

Hay varias opciones para hospedarse, nos quedamos en uno muy completo, aunque modesto, la comida, ¡20 puntos! Nos daban hasta meriendas y open bar, todo muy rico. Quedamos complacidos con Casablanca, donde incluso amenizaban los desayunos con música en vivo, animaban las noches y planificaban actividades deportivas.

De todos los turistas que estábamos en el hotel, 80%, cuidado si no más, eran argentinos, el resto, colombianos y uruguayos…

La isla, en el pasado, vivía sólo del comercio, pero luego con la apertura económica de Colombia, debieron explotar otra fuente y le apostaron al turismo, pero aun se observan muchas estructuras abandonadas, pero muchas, de verdad da lástima, pero ellos aseguran que van a mejorarlas, están en ese proceso.

Son muy famosas las esmeraldas colombianas, las tallan en los talleres (valga la redundancia) de las joyerías de la isla y todo. JM me regaló unos zarcillos…¡qué lindos!

Los precios de los paseos son de 15 mil pesos por persona, no es muy caro…
Todo terminó, fueron unos 5 días increíbles, de full relax, full comedera y mucho amor y comprensión, gracias papi por llevarme. ¡Te quiero!.

¡PRÓXIMAMENTE MÁS FOTOS EN MI FLICKR!,

AQUÍ NO SE APRECIA EL COLOR DEL AGUA COMO REALMENTE ES! LUEGO PUBLICO EL LINK