jueves, 26 de abril de 2007

Si se pudiera…


Cuando me entero de cosas malas que suceden a seres queridos o conocidos, me dan unas ganas terribles de comunicarme con Dios rápidamente y que éste me responda, justo ahí me imagino cómo sería si pudiera mandarle correos electrónicos, tal como sucedía en la película de Jim Carrey “Todopoderoso”, por cierto, viene la segunda parte.

En esta diatriba de si Él me escucha o no (de querer tener una respuesta tipo "comprobación de lectura"), recuerdo mis preceptos cristianos, que parafraseando la Biblia sería algo como que Dios sabe los deseos más ocultos de nuestro corazón antes de que se lo manifestemos, igual sabe cuántos cabellos tenemos y si alguno de ellos se nos mueve. De esta forma, si se preocupa por las flores del campo, los insectos, los pájaros, entre otros, cuánto no se preocupará más por nosotros que fuimos hechos a su imagen y semejanza, aunque hayamos resultado, en cierta forma, un experimento fallido como sucedió con la ovejita Dolly.

Entonces la moraleja es, ¿cómo llegar a Dios? A través de la oración. En este punto recuerdo lo que mi amigo cristiano Sir me decía, que oración es hablar con Dios como si fuese tu amigo, darle gracias y no repetir una oración prediseñada (como los católicos), es algo más bien espontáneo, íntimo, si al principio te intimidas, tratat de buscar un Salmo que se asemeje a lo que tú sientes.

Si tan sólo igual pudiera mandarle correos electrónicos a seres queridos que ya se han ido de este mundo, le escribiría a mi abuela Bertha, para decirle que la extraño mucho, que en momentos como ayer la recuerdo, como cuando quería tomar avena y al prepararla no me quedó como la que ella me hacía; como cuando en Semana Santa mi mamá preparó pescado rallado y añoré el sabor de mi abuela…eso que mi mamá también cocina bien.
Sé que en estos momentos que me he sentido mal de salud, estaría preocupada por mí y atendiéndome. Ella nunca quiso que yo saliera de mi casa por el hecho de que fuera a pasar trabajo, pero abuela, no la he pasado tan mal, gracias a que cocinaba junto a ti, te picaba los aliños, no me muero de hambre, aunque escasas veces tengo tiempo de cocinar.

No sé adónde fue, no sé si puede verme, quizás sí, si recuerdo al rico que se negó a darle comida a Lázaro y luego veía cómo sus hermanos derrochaban en banquetes pero no hacían nada por el prójimo hambriento. Si es así, no quisiera que ella me viera sufrir, no se lo merece. Abuela: siempre serás ejemplo de fuerza, tenacidad, abnegación. Te extraño hoy y siempre.
Sé que ella se merece una mejor foto que ésta, pero acá no tengo y hoy es que quería hablar sobre mi retrechera preferida.

1 comentario:

Unknown dijo...

Me encanto tu nota aun cuando me incomodo un poco lo de oracion prediseñada de los catolicos, pero esa es la idea de compartir nuestros pensamientos e ideas y más aun entra amigos y Hermanos, espero que estes bien no te preocupes algun dìa te reuniras de nuevo con tu abuela para compartir la Gloria de Nuestro señor Jesucristo, que el señor siga derramando bendiciones en abundancia a ti y tu familia, sigue escribiendo me encanta tu espacio, saludos.

Pedro, Maracay.